SOFRENIA

Naturaleza y ciudadanía

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Sofrenia

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En la producción de mundos fantásticos situamos a Sofrenia, un artista que imagina otro modo de ser y estar en el mundo afirmando los derechos humanos y de la naturaleza en la convivencia solidaria que permite tener presente al otro animal, vegetal y humano. Vivir la realidad como ficción o ficcionar la realidad para vivir mejor son las dimensiones en la que encontramos su trabajo artístico. En él podemos testimoniar una realidad imaginativa que adviene doliente y pesarosa o contemplar una imagen para la realidad que posibilita un mundo solidario.

La herencia de la razón ilustrada impone la división, la clasificación y la domesticación. De este modo nos acercarnos a la realidad distinguiendo la naturaleza de la cultura. Argüimos, entonces, que la naturaleza es lo que ya estaba y la cultura lo creado por el hombre, y mantenemos esto como algo verdadero. Sofrenia no se hace cargo de esta herencia. Él rescata aquella tradición vitalista que afirma una existencia vital en cada organismo postulando la unión humana y natural en la cultura y la naturaleza. De ahí que es posible el afinador de la naturaleza Lapfti Aw, que pertenece a la tribu de los Mabüll, y posee un excelente oído que utiliza para afinar en Mi a los animales. De este modo, la obra de Sofrenia enriquece nuestra empatía haciéndonos partícipes de una realidad ficcionada que imagina modos alternativos de vivir con el otro.

Sofrenia

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Es lo vegetal, animal y humano colaborándose para afirmar otro mundo. En La reunión de los sentimientos podemos contemplar esta heterogeneidad en el traspaso de virtudes, de características entre lo humano, lo animal y lo vegetal. Es la convivencia solidaria    que imagina una dimensión fantástica donde es posible el convenio de la naturaleza con la humanidad para corporizar otras formas, otros pensamientos. 

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Lo político que instituye otros modos de ser y estar en el mundo tensionando el reparto habitual de lo sensible aparece en la obra de Sofrenia, no sólo en la inversión y combinación de imaginarios, sino que también en la praxis de su trabajo, en el cómo de su obra. Me refiero a que su producción artística no sólo se expresa en soportes materiales transportables –como los cuadros-, sino que también consiste en la intervención en la arquitectura. Ésta en cuanto que construcción que los humanos se han hecho para habitar el mundo, se resignifica con el sentido que La tierra es nuestro único abrigo instituye. Existe aquí una paradoja virtual, pues, al parecer, no es el muro el que protege, abriga o mantiene la vida, sino la tierra, la naturaleza.

Sofrenia

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La verosimilitud de la afirmación no sólo enriquece nuestra empatía, sino que profundiza nuestra ética. La obra de Sofrenia modifica la existencia de manera indirecta, pero efectiva en la inmediatez de significar un lugar en la calle y en la lejanía de producir imaginarios que incorporen la relevancia de la tierra que habitamos.

La trayectoria de Sofrenia comienza más o menos a los 6 años de edad, cuando él se inicia con los rayados de los cuadernos donde su mamá tenía poemas y dibujos y en los álbumes de su familia. Esta aventura intelectual continúa en la juventud cuando narra historias con imágenes al crear comics e inventar juegos de cartas de personajes con sus amigos. El estudio de la carrera de diseño gráfico publicitario parece ser anecdótico o accesorio si lo comparamos con esta aventura principal de producción de ficciones, pues son las búsquedas que él emprende, pormedio de profesores –que sabían trabajar con otras materialidades- y paralelo a las unidades que ellos enseñaban, lo que sigue empujando su creatividad. Traslada su imaginería a la calle pegando stickers que dicen Sofrenia y luego cuando asiste a un encuentro de grafiteros (2007) organizada por el Loco Larry en una zapatería abandonada en Arturo Prat con Coquimbo,en Santiago. Aquí mira, aprende y ensaya cómo se trabaja en el soporte material de la calle con otros como el José de los 12Brillos, LeDorian, el Hipso y el Pantru. Sigue adelante su aventura intelectual –teórica  y práctica- en la calle que es el soporte que más aprecia porque ahí está la gente participando y transformándolo en mediador entre lo que él mismo propone y lo que quieren los pobladores para sus muros.

Sofrenia se inscribe en una genealogía del muralismo en Chile –“la historia del muralismo chileno no nace de una inquietud artística sino de una actitud de la gente”, dice- que comienza como propagandístico en 1964 para apoyar la tercera candidatura de Salvador Allende a la presidencia de Chile. Después continúan las brigadas muralistas, donde se destaca el método participativo de la Brigada Ramona Parra que pinta grandes trozos de un color plano que invita a la participación y a la incorporación de cualquiera a la pintada. La técnica como virtuosismo queda descartada en este trabajo, pues aquí hay otras urgencias; la participación y la necesidad de comunicación de las personas. Es lo inclusivo del muralismo chileno en la necesidad de comunicación de los seres humanos la característica principal que acompaña el trabajo del artista en la Villa Francia, la Villa Lenin, La Pincoya, Fuerte Apache, San Miguel, y otros.

La producción de mundos fantásticos con la posición política de Sofrenia lo involucra a pensar el extractivismo que sigue vigente en Latinoamérica y los incendios forestales que roban la vida. Su ética vitalista nos impulsa a pensar y sentir las dimensiones que produce cuando personifica la naturaleza y los significa como seres dolientes. Su producción nos empuja a tener en cuenta al gran otro, la naturaleza, para imaginar otro modo de ser y estar en el mundo.

Sofrenia

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Claudia Páez.-

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